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El Aprendizaje y la Conducción Técnica en Básquetbol. PDF Imprimir E-Mail
La relación del deporte con la pedagogía no ha tenido, hasta el momento, la fluidez que permita suponer un atravesamiento recíproco entre ambas disciplinas. Para citar algunos ejemplos específicos,

Autor
Eduardo de la Vega
Enero de 2010
     
Introducción
La relación del deporte con la pedagogía no ha tenido, hasta el momento,la fluidez que permita suponer un atravesamiento recíproco entre ambas disciplinas. Para citar algunos ejemplos específicos, las teorías del aprendizaje vigentes han ignorado el aprendizaje deportivo a la hora de teorizar sus fundamentos. Desde el otro lado, los desarrollos en el ámbito del deporte han progresado mucho más en el eje de lo técnico-práctico que en relación a aspectos vinculados con problemáticas psicológicas o sociológicas, de mayor abstracción.
En básquetbol, como en la mayoría de los deportes de conjunto, el liderazgo de lo conductores de equipos se ejerce bajo una fuerte impronta del saber técnico, que ha progresado y complejizado sus objetos de conocimientos y sus dispositivos de transmisión.
No obstante, se ha reflexionado poco –o casi nada– sobre la relación que se establece en los grupos deportivos con el saber y el poder.
Si bien, en los últimos años hemos visto surgir una figura del entrenador alejada del perfil
autoritario que tenían muchos de los conductores de hace sólo algunas décadas atrás, es inexistente la teorización que dé cuenta de dicha novedad.

Conducción y autoridad
La psicología del aprendizaje, la sociología de la educación, etc. han impugnado la relación jerárquica que suele establecerse entre el enseñante y el aprendiz.1 En nuestro país, desde hace algunas décadas, los docentes de la escuela pública y privada, realizan actividades de formación y
capacitación con el objetivo de sustituir las viejas prácticas autoritarias por nuevas formas participativas y creativas de recrear el vínculo con el alumno y el conocimiento.
En el básquetbol, en cambio, los entrenadores establecen un vínculo con el saber, que articula –frecuentemente– una relación de poder. Dicho vínculo conduce al jugador, muchas veces, a la infantilización, al disciplinamiento rígido y a la neutralización de su espontaneidad y creatividad.
La estatura del entrenador ha crecido en los últimos años gracias al auge que tuvo el básquetbol, tanto en nuestro país como en el exterior. La creación en 1984 de la Liga Nacional renovó las estructuras competitivas, lo cual significó un impulso de gran impacto para el desarrollo del deporte y su creciente especialización.
La aparición, en la década del noventa, de los canales deportivos que transmiten las ligas nacionales y sudamericanas, norteamericanas (NBA,NCAA) y europeas (Liga española, Copa europea) significó también un empuje considerable para el crecimiento del básquetbol en la Argentina.
La creciente globalización del deporte trajo consigo la incorporación de la imagen especializada y prestigiosa del entrenador –especialmente en su versión norteamericana– la cual se convirtió rápidamente en un objeto de identificación. El coach criollo se vistió con las insignias de sus ilustres maestros y el riguroso traje constituyó el nuevo símbolo de su jerarquía.
El lenguaje simbólico muestra la profunda escisión que se produjo entre el jugador y el entrenador, entre el hacer y el saber, entre la práctica y su teoría. El saber pasó a ser una posesión exclusiva del director técnico, quien adquiere desde entonces el privilegio de una incuestionable autoridad.Antiguamente, en los tiempos del básquetbol pionero, el entrenador era sólo un colaborador más, alguien que reunía, estimulaba, sostenía los motivos para el encuentro y la actividad placentera. Ahora, el entrenador es un especialista y una autoridad al mismo tiempo. Su rol ya no está en un segundo plano, como en otros tiempos, sino que ahora se destaca tras el
brillo creciente de su especialidad.
Bajo esta fachada de prestigio y poder se establece una relación enseñante-aprendiz donde queda naturaliza la violencia simbólica, al tiempo que se infantiliza al jugador mientras se le quita libertad,protagonismo y creatividad. Los retos, las arengas, las humillaciones pero también el silencio y la sumisión son frecuentes en la práctica del básquetbol, en tanto nada cuestiona al duro disciplinamiento o a los fundamentos de dicha relación.
Un episodio, relatado por el jugador Earvin Johnson en su libro autobiográfico, muestra esta generalización en el deporte del abuso y la humillación.
En 1985, el equipo de “Magic” jugaba la serie final del campeonato de la NBA con los Celtics de Boston, y recibía en el primer partido de los play off una “verdadera paliza”.
El ex jugador relata con precisión un episodio posterior, cuando el entrenador, Pat Riley reúne al equipo frente a la pantalla del televisor y pasa el video del partido.
“El silencio en la sala fue total –escribe “Magic”– mientras observábamos la humillación sufrida el día antes en Boston Garden. Todos nosotros habíamos jugado mal, pero Kareem hizo, sin duda, uno de los peores encuentros de toda su carrera.” (...)
“Kareem fue el que recibió la peor parte, pero todos los demás tuvimos que ver la cinta de principio a fin. Riley nos puso tan excitados que en el siguiente entrenamiento acabamos por luchar unos contra otros.”2
Episodios de este tipo ocurren con frecuencia en todos los niveles del básquetbol y en todas las latitudes. Llama la atención, no tanto la violencia simbólica sino la naturalización que se hace de la misma. Resulta natural en el ámbito del deporte que el entrenador rete y se encolerice con sus
jugadores cuando las cosas no marchan por los carriles que aquel quisiera transitar.
Esta naturalización funciona sobre la base de una operación previa. Se trata de la infantilización de las relaciones que establecen los deportistas con sus entrenadores: los jugadores son ubicados en el lugar del niño que desobedece a su padre y está siempre dispuesto a realizar alguna
travesura Dicha ficción, más allá de su paradojal racionalidad, impregna fuertemente el imaginario deportivo al tiempo que sustenta una forma autoritaria del liderazgo junto a las fuentes de su poder.
(1 - Desde las primeras décadas del siglo XX, la corriente de la Escuela Nueva –de gran
impacto en la educación de todo el mundo- denunció la relación autoritaria que se establecía
en la escuela positivista entre el docente y el alumno, y abogó por la creatividad, la libertad
y el protagonismo del niño en el proceso de aprendizaje.)

Aprendizaje y didáctica del básquetbol
En todos los niveles, desde la formación hasta el básquetbol profesional competitivo, el aprendizaje constituye el elemento central del dispositivo deportivo aunque pocas veces se reflexione sobre la importancia de dicha centralidad.
                                                         
2 -Johnson E y Novak W.: Mi Vida. Planeta. Buenos Aires. 1993. Pp. 247-248.
3 - Resulta algo paradójica esta infantilización en un ámbito absolutamente atravesado por
relaciones profesionales entre hombres adultos que triunfan y se destacan, precisamente, en
una actividad que exige un importante trabajo de formación.

Sin duda, los niños aprenden cuando ensayan el lanzamiento, el dribling o sus primeros fundamentos tácticos, pero aprende también un equipo profesional cuando entrena una compleja defensa a presión destinada a neutralizar el ataque de sus próximos rivales.
En el ámbito de la educación, las teorías del aprendizaje o las didácticas disciplinares han problematizado el rol del docente y fundamentado las bases teóricas de su tarea, en relación con los procesos de enseñanzaaprendizaje y la construcción del conocimiento.
Las actuales teorías pedagógicas conciben ?casi todas? el rol y la función docente como una mediación entre el sujeto del aprendizaje y los objetos de conocimiento. Dicha mediación del docente define su estrategia, la cual debe apuntar a crear situaciones didácticas ?es decir, situaciones problemáticas de interés para los niños y con un alto contenido práctico?
que permitan interactuar con los objetos de conocimiento y avanzar hacia su conceptualización.
En este esquema, el docente no es el eje central del proceso sino sólo un posibilitador, que contribuye en el armado del dispositivo didáctico y asegura su funcionamiento. La centralidad, en todo caso, está del lado del niño y de la interacción conflictiva que establece con los objetos de
conocimiento.
La función del docente no se limita, no obstante, a armar las situaciones didácticas y hacerlas funcionar. Es necesario además que posibilite ?tras la interacción y resolución de los problemas presentados? un trabajo de reflexión y teorización que conduzca el saber/hacer al pensamiento y la
abstracción.
En el ámbito de la educación es notorio el esfuerzo de los docentes para capacitarse y transformar sus prácticas de acuerdo a los paradigmas pedagógicos vigentes.
En el ámbito del básquetbol, en cambio, como en la mayoría de los deportes de conjunto, asistimos a un despliegue generalizado de los vínculos de saber/poder.
El entrenador es concebido allí como aquel que monopoliza el saber y posee un acceso reservado y exclusivo del mismo. El jugador, en cambio, sufre una desposesión en relación a dicho acceso y su rol queda reducido al de un mero ejecutor. El entrenador/enseñante es el que piensa, elabora y
decide sobre las determinaciones fundamentales de la tarea mientras que el jugador/aprendiz solo debe ejecutarlas, sin participar en absoluto en aquello que es propiedad de su conductor.
Este esquema didáctico ?que se fundamenta, como vimos, en una relación de poder? ha tenido, y tiene, escasa productividad en la eseñanza del básquetbol.
En primer lugar, en el ámbito de la formación: una gran cantidad de niños y jóvenes abandonan el deporte tras la acción (de)formativa de muchas conducciones que llevan este esquema hasta un punto extremo.
En segundo lugar, en el ámbito competitivo: asistimos allí a la proliferación de equipos con entrenadores estrellas y jugadores mecanizados, manipulados e infantilizados por el didactismo y la sobreintervenci ón del conductor.
                                                         
Esta neutralización de la función intelectual del jugador representa una pérdida considerable en un ámbito de gran riqueza en cuanto a su capacidad específica para la formación.
El dispositivo deportivo ?especialmente en los deportes de conjunto? constituye un instrumento de indudable eficacia para la producción del aprendizaje. Deportes como el básquetbol, el fútbol, etc. ofrecen dispositivos didácticos naturales que están diseñados por la convención misma que establecen las reglas y condiciones del juego.
Estos juegos se despliegan a través de situaciones problemáticas que deben ser resueltas en la interacción reglada de dos equipos que se oponen y cooperan a la vez. Concretamente, el ataque le presenta un problema a la defensa, que ésta deberá resolver; y viceversa. Cada resolución exitosa
puede ser considerada como un aprendizaje nuevo, que luego podrá generalizarse y transferirse a otras situaciones similares.
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Las destrezas (técnicas, tácticas, estratégicas) que se utilizan y perfeccionan en el dispositivo del juego son construidas y aprendidas por el jugador, tras su participación en dicho dispositivo y sólo con la orientación del entrenador.
Resulta fundamental allí aquella interacción más que la información o instrucción que se pueda proporcionar. La cancha, la pelota, los aros o arcos, las reglas, los jugadores, la interacción que resulta del encuentro gozoso con una práctica significativa son los elementos fundamentales del
dispositivo didáctico. Éste encuentra en el docente/entrenador ?más que su determinación esencial? un elemento complementario en la producción del aprendizaje y en el proceso de formación.
El aprendizaje del juego debe ser concebido como una construcción del jugador más que como una imposición del entrenador.6 Las destrezas físicas, técnicas, tácticas y estratégicas son el resultado de un trabajo sostenido y orientado de interacción con los objetos de conocimiento. Las
secuencias mismas del juego participan de esa misma dinámica:
constituyen la expresión mejor lograda del aprendizaje creativo, cooperativo y protagónico más que la ejecución de un plan concebido en la cabeza del entrenador.
 
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